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VCUF 2015: Llegar es el premio

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La parte más difícil de un ultra es escribir la crónica. Escribir todos esos pensamientos, ideas, sensaciones. Describir por todos los lugares que has pasado y que quedan guardados en tu retina. Plasmar sobre el papel cómo has pasado por todos los estados de ánimo posibles durante todas las horas que has estado en carrera. Eso es lo más difícil, así que intentaré hacerlo fácil y poder transmitir todo lo que está en mi mente y todo lo que pasó por ella en la carrera.

Recorrido VCUF (línea roja, recorrido alternativo)

Recorrido VCUF (línea roja, recorrido alternativo)

Pues a lo que vamos. La Volta Cerdanya Ultrafons tenía un recorrido de 120 kilómetros y 6400 metros positivos, pero en la charla técnica previa a la carrera, nos avisaron que se iba a tomar un recorrido alternativo, ya que la previsión (como así fue después) daba probabilidad muy alta de tormentas con aparato eléctrico, por lo que era muy arriesgado subir a casi 2300 metros. Este recorrido alternativo tenía 600 metros menos de desnivel positivo pero unos 6 kilómetros más (en total, casi 130 kilómetros de carrera).

Recogida de dorsal

Recogida de dorsal

Como la salida era a las 12 de la noche del viernes (madrugada del viernes al sábado), la rutina diaria se alteró demasiado en cuanto a comidas y cenas, simplemente adelantamos un poco la cena para tener más margen y preparar todas las cosas que luego habría que presentar en el control de material previo a la carrera.

Llegamos a Alp (desde donde se daba la salida) a las 11 menos cuarto, aparcamos, cogimos todas las cosas que íbamos a necesitar para la carrera y entramos al pabellón para pasar el control de material. Una vez pasado el control, a esperar casi 1 hora dentro del pabellón hasta que se diera la salida. Una espera que se hizo más amena compartiendo charla e intercambiando impresiones con algunos compañeros de la zona, con los que hemos coincidido en bastantes más carreras (aunque siempre cerca de casa): ahí estaban Sisco, Carlos, Vicente, César… (si es que había más Machacapiedras que gente de Puigcerdà, jajaja).

Dejando la bolsa de ropa del control

Dejando la bolsa de ropa del control

Poco a poco se iba acercando la hora de la salida. Canción de Salva Rambla para calentar al personal, Depa y Jaime con el micrófono dando los últimos gritos de ánimo a los corredores y por fin puerta abierta para ir fuera del pabellón a la zona de salida.

Noche perfecta. Son las 23:55 y no hace nada de frío. Parece que la lluvia que anunciaban para las 00:00 no ha hecho acto de presencia con lo que la salida se va a dar puntual.

A punto de empezar la "fiesta"

A punto de empezar la “fiesta”

Ahí sí que aparecen algunos nervios. Nervios por que voy yo solo del Club. Nervios porque cuando te has retirado en la carrera de antes siempre te deja mal sabor de boca y algo de incertidumbre de cómo te vas a encontrar en el siguiente ultra (que además tiene muchos más kilómetros). La cuenta atrás empieza y esto ya no hay quien lo pare. Mi intención es ir muy tranquilo ya que hay muchas horas  por delante y sé que a mi ritmo conservador puedo ir en la parte final “más rápido”.

00:00 y se da la salida. Los 7 (casi 8) primeros kilómetros son todos de subida, desde Alp hasta la estación de esquí de Masella, por donde subimos por mitad de sus pistas (ahí me da para pensar que cuesta muy poco bajarlas esquiando e incluso subirlas en el telesilla, jajaja). Son casi 900 metros positivos que tenemos que salvar desde Alp hasta iniciar la bajada que nos conducirá al tunel de Cadí. Poco a poco, subiendo por senda estrecha y húmeda, vamos avanzando. Estoy colocado de mitad de pelotón hacia detrás, pero eso es lo de menos. Siento que las piernas no van demasiado pesadas para ser el principio de carrera (siempre me cuesta mucho coger el ritmo cuando la carrera empieza así para arriba) y voy subiendo a “mi ritmo”. No me pasan demasiados corredores y de vez en cuando adelanto yo a alguno. Llegamos arriba y empezamos la bajada. Una bajada por senda estrecha y bonita (sí, es de noche pero eso “se sabe”, jeje) y empiezan a caer algunas gotas mientras vamos quitando kilómetros y metros de desnivel negativo. Llegando al final de la bajada la lluvia es algo más fuerte y cada vez va a más. Tengo que parar a poner el chubasquero porque el agua empieza a ser bastante intensa, tanto que unos metros más adelante, realmente empieza a diluviar y tenemos que parar como bien podemos debajo de unos árboles para ponernos los pantalones impermeables y reemprender la marcha.

Amanecer en los Pirineos

Amanecer en los Pirineos

La lluvia hace que la subida sea muy incómoda. Mucha agua cayendo desde el cielo y mucha agua bajando por el suelo hacen que el binomio “zapatillas-calcetines” se convierta en una especie de piscina (ya no se secarán en ningún momento del recorrido). Vamos haciendo la subida hasta Font Freda al mismo ritmo que antes. Un ritmo que sé que puedo mantener los kilómetros que haga falta y no me pasará factura a la hora de apretar (o esa es la idea al planificar la carrera). Una vez llegamos arriba, ya tenemos hechos 21 kilómetros y cerca de 1500 metros positivos. Es el momento de disfrutar (creo que fue el rato que más disfruté de la carrera). El momento de empezar a bajar por una senda estrecha, por pista, por senda algo más ancha, por pista rota. El momento de dejarse llevar por las zapatillas y que las piernas corrieran de verdad. Siempre con precaución para no tener un contratiempo pero intentando bajar rápido. Adelantando a varios corredores y con algún que otro tropezón (culo al suelo por el barro y 3-4 metros arrastrando cual tobogán jaja) pero sin sustos mayores. Y así, corriendo bien y cómodo llegamos al avituallamiento de Talló, en el kilómetro 27’5 aproximadamente.

Me paro tranquilamente a comer y beber algo. Justo llegan Vicen y Josevi, los Machacapiedras. Intercambiamos algunas palabras y coincidimos los 3 a la hora de retomar la marcha. De esas cosas que salen naturales y sin pensar, en los primeros metros intercambiamos impresiones y vemos que más o menos vamos a ir al mismo ritmo, por lo que, sin decirlo unos a otros, nos juntamos para ir haciendo carrera. Una de esas cosas mágicas que tienen los ultras, que sin hablar con un corredor sabes que vas a llegar a meta con él.

Y así fue, los 3 juntos en dirección al siguiente avituallamiento. Por delante teníamos unos 15 kilómetros hasta el Coll Home Mort para completar el primer tercio de la carrera (unos 42’5 kilómetros aproximadamente).

Momentos que se te quedan grabados en la retina...

Momentos que se te quedan grabados en la retina…

Iban pasando los kilómetros y los avituallamientos. Yo me iba encontrando bastante bien. Mis piernas iban respondiendo muy bien (pese a la falta de kilómetros en entrenamientos) y mi cabeza todavía mejor (cosa que en un ultra, es mucho más importante que las piernas). Descontando kilómetros. Corriendo bien en las bajadas y con caminando con buen ritmo en las subidas. Cada vez quedaba menos para llegar al avituallamiento de “mitad” de carrera, donde estaban las mochilas para hacer el cambio de ropa.

Cuando llegamos allí, en Lles, en el kilómetro 67, las zapatillas y los calcetines seguían igual de mojados que en el kiómetro 20, pero como no me molestaban absolutamente nada, preferí no cambiarlos por unos calcetines secos. Si no roza, mejor no sacarlo del pie. Aquí, en este avituallamiento nos “reunimos” con más Machacapiedras y retomamos juntos el camino. Una subida bastante vertical y totalmente recta que te dejaba las piernas bien calentitas. El clima era bastante inestable. Igual te salían un par de rayos de sol que se cubría y empezaba a lloviznar, llover, diluviar. El terreno cada vez estaba peor. Mucho más barro. Mucha más agua y pocos sitios donde pisar y que la zapatilla no volviera a meterse hasta el tobillo en agua.

Fue uno de los tramos más duros de la carrera. Ya habíamos pasado el ecuador pero todavía nos quedaban otros 60 kilómetros más por delante. Poco a poco, íbamos trotando en los llanos, corriendo lo que se podía en las bajadas algo más pronunciadas y andando en las subidas. Ir en grupo siempre ayuda, ya que en los momentos de bajón sigues al compañero que tienes delante y tu cabeza no piensa en nada más que seguir los pasos de él. Van pasando kilómetros y la subida al avituallamiento del kilómetro 85 se hace eterna. Es una pista ancha, con piedra, embarrada, incómoda hasta de andar porque cada paso que das es totalmente inestable y cuesta traccionar pero al final llegamos arriba y vemos la carpa del avituallamiento en bajada, a unos 300 metros. Reponemos fuerzas con algo de comida y bebida. Paramos 5 minutos para descansar un poco las piernas y enseguida reemprendemos la marcha. Son 11 kilómetros los que hay por delante hasta el avituallamiento de Meranges.

Jota, Vicen, Josevi y yo

Jota, Vicen, Josevi y yo

Una zona de sube y baja al principio, para luego ir paralelos al rio por una senda muy muy bonita, toda rodeada de árboles, tan frondosos que tenemos que encender el frontal (son sobre las 8 de la tarde). Poco antes había empezado a chispear para luego dar paso a otro diluvio universal. Muchísima lluvia otra vez. Muchísimo barro de nuevo en el suelo, tanto en las subidas como en las bajadas. Ahora ya no preocupaba nada meter el pie hasta la altura del tobillo cuando había un charco (ya fuera de agua o de barro), porque en muchas ocasiones el charco era más grande que la propia senda y no había manera física de pasar sin meter dentro el pie.

Creo que fue el momento en que mejor me encontré tanto física como mentalmente. Los 3-4 kilómetros previos a llegar al avituallamiento mis piernas iban perfectas y la cabeza estaba despejada como si me acabara de levantar después de haber dormido 8 horas del tirón. Tanto es así, que con mi ritmo, sin aumentarlo mucho más, en la subida me despegaba de Vicen, Josevi y de Jota (que se había unido también a nosotros sobre el kilómetro 60). Como estaba diluviando prefería seguir a ese ritmo y llegar pronto al avituallamiento para poder estar bajo techo.

Cómo no, el avituallamiento estaba dentro del pueblo. Pero no estaba a la entrada, no. Como buen avituallamiento de ultra que se precie, tiene que estar en lo alto, o por lo menos, después de una rampa de 300 metros con mucho desnivel si no, no tiene gracia, jajaja.

Ahí ya estaba anocheciendo. Descansamos un poco más para recuperar bien, nos pusimos la camiseta térmica (no hacía demasiado frío pero la lluvia te dejaba bastante húmedo) y los pantalones largos de lluvia y a seguir a por el siguiente avituallamiento, que ya sería el último antes de meta, lo que siempre es muy motivante y te da alas para seguir adelante en carrera.

Cada vez había más agua en el camino. Se notaba que había llovido mucho por ahí. De hecho, veíamos como caían los rayos en los picos y montañas de alrededor. Una imagen brutal y espectacular a la vez, de esas que se te quedan en la retina para siempre. Jota y Josevi iban un poquito más justos. Los pies les estaban pasando una mala jugada. Cada vez les dolían más. Vicen y yo íbamos hablando y nos encontrábamos bastante bien (teniendo en cuenta las horas que llevábamos en carrera y los kilómetros), muy animados y pensando en que si llegábamos así a la última parte de la carrera, íbamos a correr a todo lo que nos dieran las piernas.

Después de una vuelta interminable entre pueblos, pedanías desiertas y sendas que cruzaban  2000 veces el río o los ríos, llegamos a la carpa del avituallamiento del 110. Allí había algo de pizza, que engullimos directamente casi sin masticar. Sabíamos que estábamos muy cerca ya de meta, que la tocábamos con la punta de las manos casi, hasta hicimos cálculos para llegar en un tiempo determinado desde allí…hasta que empezamos los 4 kilómetros de subida que venían después del avituallamiento.

Supongo que esos 4 kilómetros, de día serían una gozada, por pista ancha y sin lluvia y niebla, pero a nosotros, que nos pilló de todo (lluvia y niebla) se nos hicieron muy complicados e interminables. No veíamos bien las balizas que marcaban el recorrido porque la niebla lo hacía muy difícil, Josevi y Jota cada vez iban más justitos. Vicen y yo íbamos marcando el ritmo y avanzando metros (los kilómetros pasaban demasiado lentos). Subida, baliza al fondo, curva a la izquierda, otra baliza a lo lejos, algo de bajada, cruzar rio, volver a cruzar rio, más agua por arriba, más agua por abajo en los pies…

Nuestra amiga, la lluvia

Nuestra amiga, la lluvia

Cada vez quedaban menos kilómetros y cuando pensábamos que estábamos en la última bajada hacia la meta, hacia Puigcerdà, yo le dije a Vicen que iba a correr. Tenía las piernas bastante bien para correr hasta meta los kilómetros que creíamos que quedaban, así que metí el pantalón y la chaqueta impermeable a la mochila y a empezar a bajar por una senda llena de piedra mojada, agua bajando cual río de Colorado y mucho barro. Josevi y Jota ya se habían quedado detrás. Nosotros íbamos corriendo bien, cómodos, casí “apretando”, creyendo que las luces que veíamos eran las de Puigcerdà…hasta que llegamos a la entrada del pueblo. Desierto. Sin nadie. Ahí nos vinimos un poco abajo a leer “Enveitg” (yo sabía que desde ahí a Puigcerdà quedaban unos 6 kilómetros). Nos habíamos equivocado. En el último avituallamiento nos dijeron que no se pasaba ya por allí al cambiar el recorrido, que se iba directamente a Puigcerdà.

Algo desmoralizados íbamos siguiendo las balizas. Hasta hubo un momento de confusión total porque creíamos que llevábamos la dirección contraria de la carrera al ver las balizas colocadas al revés, pero a la salida del pueblo encontramos a 3 corredores que estaban más desorientados que nosotros. 2 chicos y 1 chica (la 3ª de la clasificación). Uno de los chicos era César, iba bastante fastidiado de los pies y algo desorientado. Nosotros les dijimos que sí era por ahí el camino y continuamos con nuestro ritmo.

En esa recta de casi 4 kilómetros, pegada a las vías del tren, llena de agua y barro, totalmente llana, podíamos haber corrido, pero el palo que nos habíamos llevado antes al no ser Puigcerdà nos había dejado algo tocados, así que caminábamos rápido, sabiendo que al final de esa recta interminable se encontraba la meta.

Cada vez las luces estaban más cerca. Cada vez se acercaba más el objetivo de ser finishers de esta dura prueba. Por fin llegamos al asfalto de Puigcerdà, pero todavía nos quedaba la última sorpresa antes de enfilar la calle Mayor y llegar a meta. Todavía nos quedaba subir una cuesta embarrada por la que era muy complicado traccionar, y después subir casi las escaleras que había en el pueblo. Estos últimos metros los hicimos corriendo, como si nos jugáramos algo, simplemente por el orgullo y la rabia que teníamos dentro. No voy a decir que toda la calle Mayor la hice esprintando porque sería mentira, pero iba a todo lo que daban las piernas en ese momento. Y saber que quedaban metros para disfrutar de la meta, todavía hacía que aumentara el nivel de adrenalina. Eso, y que mi padre y mi hermana estaban esperando pacientes en meta mi llegada. La primera vez que me veían llegar en un ultra no podía entrar andando o destrozado, tenía que darlo todo hasta el final y así fue. Ese momento, el de llegar y que griten tu nombre, es un subidón espectacular que compensa todas las horas y los kilómetros que has estado por el mundo y todo lo que has pasado durante la carrera. Justo en ese instante que cruzas el arco y te ponen la medalla, todo se olvida y ya piensas en cuándo será la próxima carrera.

Al final, después de casi 130 kilómetros y 26 horas y 16 minutos, esa medalla de FINISHER colgaba de mi cuello, entrando en la posición 49. Y sí, ya tengo ganas de volver a ponerme las zapatillas y empezar otra locura así. El primer ultra de los 3 (para entrar en clasificación de la Spain Ultra Cup) que tengo en 5 semanas está completado. Ahora a pensar en el Gran Trail de Peñalara (110K, 5000+), que además es el Campeonato de España de Ultra Trail.

Puigcerdà. Meta VCUF 2015

Puigcerdà. Meta VCUF 2015

Muchísimas gracias a mi padre y mi hermana por acompañarmen en esta aventura. Por fin han vivido casi desde dentro cómo es un ultra, con sus cosas buenas y sus esperas interminables.

Muchisimas gracias a Sandra porque aunque no pudo venir por trabajo, estuvo pendiente todo el tiempo de que llegara y de cómo me encontraba.

Muchísimas gracias a todos los compañeros y amigos del Trail Villena por el seguimiento y los mensajes de ánimo (que leí cuando acabé).

Y gracias a los voluntarios, la organización, a los Machacapiedras, a Vicente, a Josevi, a Jota y a todos con los que estuvimos compartiendo kilómetros y horas de carrera.

La recompensa

La recompensa

Nos vemos dentro de dos semanas en GTP!!

Vídeo de la llegada a meta:

 

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