Competiciones

UTMB® 2016

By

on

Ultra Trail du Mont Blanc (viernes, 26-8-2016) – Chamonix (Francia)

Distancia y desnivel: 170 kilómetros (100 millas) y 10.000 metros desnivel positivo

Profil-UTMB-2015

El pasado viernes 26 de agosto, a las 18:00h se daba la salida de LA CARRERA de trail por excelencia, aquella en la que prácticamente todos los amantes de la ultradistancia sueñan con estar en su corralito al menos una vez en la vida.

Esa carrera tan mítica y que cada año reúne a un gran elenco de corredores top mundiales, así como a más de 2400 corredores ¨populares” que son quienes hacen grande a una carrera así.

Una carrera a la que se accede previo sorteo y habiendo conseguido una serie de puntos (en concreto 9, a partir del 2017 serán 15 puntos ITRA) al acabar diferentes carreras de alrededor de unos 100 kilómetros de distancia en el periodo establecido para ello (suele ser una horquilla de un par de años).

Después de que el sorteo no fuera favorable en 2015, conseguimos los puntos que faltaban para poder optar al sorteo de 2016. Llegó enero y con ello el deseado día del sorteo y en esta ocasión, sí que nos tocó. Estábamos dentro del UTMB® y como es tradición en esta carrera, en la última semana de agosto deberíamos estar en Chamonix (Francia).

IMG_0819

Fue en cierta parte una liberación que tocara el sorteo. Afrontar el año para entrenar y disfrutar de las carreras previas que teníamos programadas como preparación para las 100 millas de Mont Blanc era un reto apasionante a la vez que complicado. Son muchas horas de carrera y en principio, son dos noches las que íbamos a pasar por la montaña. Pero eso, en principio.

Como la gran mayoría sabréis, tuve que retirarme en Courmayeur (km. 79 y 4600+) después de una “lucha” interna entre piernas y mente durante casi 19 horas (18h53′). Pero vamos a ver qué ocurrió hasta llegar al punto donde tuve que abandonar la carrera y poner punto y final a esta grandísima aventura.

IMG_0835

Viernes 26 de agosto de 2016. 18:00h. Place du Triangle de l’Amitié (Chamonix, Francia).

Aquí tenia lugar el inicio la carrera y el sueño de más de 2400 corredores. En ese instante en el que a falta de poco más de 2 minutos para que se diera el pistoletazo de salida, comienza a sonar Vangelis y su Conquest of paradise. 

Salida del UTMB® 2016

Para los que son festeros, ahora que estamos próximos a nuestro querido día 5, ese momento cuando comenzó a sonar la música es al trail lo que el momento del arranque de la Banda Municipal de Villena a las 16:00 desde la Calle Nueva.

Los pelos de punta y lágrimas de emoción en los ojos. No fue algo genial. Fue algo único. Muchos compañeros que han vivido ese preciso y precioso instante me lo habían comentado, pero vivirlo fue una experiencia inolvidable y que solo con el simple hecho de cerrar los ojos lo vuelvo a recordar y consigue emocionarme una y otra vez.

Pues eso. Ya hemos empezado nuestro sueño, nuestra carrera. Por delante, 170 kilómetros rodeando el macizo del Mont Blanc y atravesando 3 países (Francia, Italia y Suiza) para regresar si todo iba bien de nuevo a Chamonix.

Los primeros 2-3 kilómetros todavía no se puede prácticamente correr. Vamos por las calles de Chamonix y por fin abandonamos el asfalto para coger una pista/senda en dirección a Les Houches. Son unos 8 kilómetros sin mucha dificultad, que sirven para calentar las piernas antes de la primera subida a Le Delevret y sus casi 900 metros positivos para llegar al kilómetro 14 aproximadamente. Desde ahí, todo bajada por pista y senda hacia Saint Gervais donde poco antes de llegar, ya tuvimos que encender el frontal puesto que era de noche y al ir entre árboles todavía oscureció antes.

Coronando Le Delevret (picture by Prozis)

Coronando Le Delevret (by Prozis)

En ese instante de carrera ya veía que algo no iba como me hubiera gustado que fuera. Me costaba mover las piernas. Hasta en bajada me costaba dar pasos cómodos y sentirme bien con el ritmo de carrera. Tampoco era muy preocupante, no llevábamos demasiado tiempo, así que esperaba que de aquí al siguiente avituallamiento las piernas comenzaran a responder como deseaba.

Desde Saint Gervais salíamos dirección a Les Contamines. Un tramo de poco más de 10 kilómetros y unos 625 metros de desnivel positivo. Un tramo que en algún momento, permitía trotar ya que la subida al principio no era muy acusada. Notaba como las piernas seguían pesadas, sin fuerza, como perezosas. Mi cabeza lo achacaba a todo lo que les quedaba por delante y confiaba en que con las horas, me fuera encontrado “mejor”. Que fueran cogiendo kilómetros y poso de carrera y se asentaran en el ritmo que debía llevar, cosa que nunca llegó a pasar.

Desde aquí llegó mi cruz de la carrera. El tramo en el que se me fue toda la fuerza que tenía. Desde Les Contamines hasta el Refugio de la Croix de Bonhomme pasando por La Balme. En total, unos 13K y algo más de 1300+ que se hicieron interminables. Una subida que miraras donde miraras veías luces de frontales cada vez más arriba y más lejos. No sabía ni qué kilómetro era, solamente deseaba que esa interminable subida se acabara a ver si la bajada era mejor. Pero no. Una vez arriba, la primera parte de la bajada no hubiera sido técnica un día de sol por la mañana, o cualquier otro día por la noche en la que no tuviera un sueño que me moría y se me hacía interminable cada paso que daba.

No pasaban los kilómetros, pero los minutos sí caían como losas, aunque eso era lo de menos. Llegué por fin al avituallamiento de Les Chapieux, en el kilómetro 50, donde nos hicieron control del material obligatorio. Ahí comí algo de sopa (como en los demás avituallamientos) y con mucho sueño, empezamos a subir hacia el Col de la Seigne, una subida de unos 10K y casi 1000+, que empezaban por una pista de asfalto interminable que no dejaba de ir hacia arriba, en la que tuve que parar un par de veces a cerrar los ojos puesto que me caía del sueño que tenía. Después de la pista de asfalto, una pequeña bajada de poco más de 200-300 metros y ahí empezaba la senda de subida. Interminable. Las piernas no respondían y lo que es peor, la mente cada vez estaba más en sintonía con ellas, con pensamientos negativos de esos que te consumen la poca energía que te queda dentro.

DCIM109GOPRO

Después de un par de paradas más en los laterales de la senda de subida, por fin amanecía y podía apagar el frontal. Ha sido una noche interminable, de las que se me ha hecho más larga aún y cuando no ha sido la carrera que más horas he llevado puesto el frontal. En una de esas veces que estaba sentado recuperando, llegaron Vicente y Jose Ramón, dos amigos y compañeros Machacapiedras con los que he tenido el gusto de compartir muchos kilómetros en otras carreras (en la Volta Cerdanya, por ejemplo) y con los que, gracias a su compañía, pude llegar a coronar el Col de la Seigne (2502 msnm) algo más dignamente de lo que hubiera hecho yo solo.

Con José Ramón y Vicente

Con José Ramón y Vicente (Col de la Seigne, 2502 msnm)

Desde aquí, una bajada y vuelta a subir al Col des Pyramides Calcaires por un terreno pedregoso e incómodo, para encarar la bajada hacia Lac Combal, donde se llegaba con 67 kilómetros y poco más de 4100 metros de desnivel positivo.

La mente cada vez iba peor. Ya no había un solo pensamiento positivo. El objetivo de llegar a Courmayeur estaba más cerca (a poco más de 12 kilómetros) pero yo lo seguía viendo muy lejos, casi insalvable. Vicente y Jose Ramón salieron del avituallamiento de Lac Combal unos 25-30 metros delante de mí y era incapaz de aumentar el ritmo para poder alcanzarlos. Las piernas cada vez iban menos. Este primer kilómetro y poco después del avituallamiento era totalmente llano, entre el lago, antes de encarar los 450 metros positivos que debíamos superar para llegar a la Arrete du Mont Favre, mi particular Via Crucis francés.

El peor tramo de toda la carrera. Empezaba a calentar el sol. Las piernas cada vez iban peor. La subida no daba tregua ni un solo segundo y además, veías continuamente el final de la misma puesto que el punto de control con las tiendas y carpas se veía desde antes de empezar a salvar ese desnivel positivo, y realmente parecía inalcanzable para mí en ese momento. De hecho, al llegar arriba pregunté al voluntario si para retirarme se lo debía de comunicar en ese punto o en Courmayeur, y al decirme que se debía comunicar en el pueblo italiano, no quedó otro remedio que seguir la carrera con más pena que gloria y más dolor moral que físico. Desde ahí, 1200 metros negativos en 9 kilómetros, los primeros 450 hasta el avituallamiento del Col Chécrouit, donde llegué bastante tocado del dolor de cuádriceps después de una bajada por senda estrecha. Comí algo de jamón al llegar y quedaba lo peor. La tortura de bajar 750 metros negativos en 4 kilómetros hasta Courmayeur. Aquí, el tiempo de corte lo llevaba ya pisándome los talones, así que pensé que si me quedaba en el avituallamiento, por lo menos que no fuera porque me debía retirar al no llegar al corte de tiempo.

Fue el momento que mejor me encontré de carrera. En la bajada por una senda con mucha tierra suelta y arena blanda decidí lanzarme rápido y adelanté a más de 40 corredores. En ese instante se fue el dolor de piernas, la cabeza volvía a estar en carrera y de mi parte y había empezado a disfrutar. Sí, empecé a disfrutar después de 18 horas de sufrir y penar por los Alpes franceses. Corrí toda la bajada, rápido, todo lo rápido que las piernas en ese momento me dejaban, pero adelantar a otros corredores me daba ese punto de confianza para seguir corriendo hasta el control de Courmayeur, donde llegué a las 12:54 de la mañana, con poco más de 20′ antes del cierre de tiempo y después de 18h54′ de carrera.

Justo nada más entrar volví a encontrar a Vicente, que estaba con su mujer y su hijo avituallando y cambiándose de ropa. Me dio un montadito de jamón (gracias!!) y me lo comí sin protestar. Me cambié de camiseta y subí a comer un plato de pasta. Eran las 13:18 cuando decidí seguir la carrera…, y hasta aquí. Cual fue nuestra sorpresa que el control de tiempo era para la salida del avituallamiento, no para la llegada. Así que el control estaba cerrado desde hacía 3 minutos, a las 13:15. Un control que estaba a 2 metros de las mesas donde estábamos comiendo varios corredores y nadie nos avisó ni nos dijo que el control iba a cerrar. Así que cuando fuimos a reemprender la marcha, nos lo impidieron. Nos quitaron el código de barras del dorsal y ahí acabó nuestro UTMB® 2016.

Después de casi 19 horas de carrera, de 79 kilómetros y de 4600 metros positivos, debía abandonar la carrera. Fue un palo duro. Bien por no leer todos los matices del reglamento, bien por confiarme estando listo para salir 3 minutos antes. Aún así, no puedo decir que hubiera llegado ya que las piernas no sé si estaban por la labor de acompañarme hasta la meta.

IMG_1036

Vistas del Mont Blanc desde la Aguja de Midi

¿Habrá más ocasiones? No lo sé. Después de una semana sigo pensando que debo descansar cuerpo y mente y veremos qué nos depara el futuro.

Solamente me queda dar las gracias a toda la gente que en algún momento u otro de la carrera estuvo pendiente de mí, tanto amigos, compañeros como familiares.

Y dar también las gracias a mis compañeros de aventuras y carreras durante esta semana en Chamonix, a Vicen y José Antoniofinishers de la CCC®, y a mi gran amigo y compañero Adrián, que no tuvo la misma suerte y también tuvo que abandonar la carrera a mitad de recorrido, por unos días que seguramente, ninguno de nosotros olvidaremos. Y también a César, finisher de la OCC® haciendo un top-100 que tiene mucho mérito.

IMG_1038

 

About Rober

Recommended for you

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.