Competiciones

Mis primeros (y únicos, de momento) 42.195 metros

on

Ahora vamos a contar un poco la historia de como empezó y como acabó toda esta locura de correr la primera, y hasta la fecha, única maratón de mi vida.

Era diciembre de 2005. Típica cena de Navidad con algunos compañeros y amigos de la facultad, algunos de los cuales ya corrían carreras cortas y me picaban para que corriera con ellos alguna que otra vez, pero no me habían conseguido engañar…de momento.

Íbamos cenando tranquilamente, hablando de todo un poco, arreglando el mundo, vamos, lo típico…hasta que se me ocurrió decir que mi sueño algún día era el de poder correr la maratón de la Gran Manzana, sí, correr la maratón de Nueva York, y ahí empezó lo inevitable. “Flaco (desde 1º de carrera era como me llamaban y todavía sigue siendo así), no hay huevos a correr la (maratón) de Valencia este año que viene”. Esa fue la frase, y claro, al final de la cena cuando uno ya está valiente y se viene arriba, contesta: “¡¿Que no?! La corro y la acabo en 3 horas y media. Me juego una cena”. Vale, hasta ahí todo correcto. Cena en juego por correr una maratón en 3 horas y media. Fin de la cena. Cada uno a casa.

Cena apostada. Ahora toca prepararse para la maratón, pero el primer paso y más importante es saber en que. fecha se celebra. Es la mañana del 20 de diciembre y me pongo delante del ordenador a buscar y…”¡¡joder, que es el 19 de febrero!!”. Ahí es cuando me entra la risa floja. Una apuesta es una apuesta y a cabezón no me ganan mis compañeros, así que entro en la pagina web de la maratón y me inscribo, sin pensarlo dos veces ni darle más vueltas. Quedan 2 meses justos para la maratón y unas Navidades por medio. Tengo que prepararme para una distancia que nunca he corrido, para correr durante un tiempo que nunca he superado ni juntando una semana entera y todo eso en la tercera parte de tiempo de lo que tarda una persona más o menos entrenada en preparar la misma distancia para hacerla en el mismo tiempo. En fin, a prepararse toca y como suelo decir: “Roberto, todo es mental”.

Por ese entonces, yo estaba jugando al fútbol en el C.D. Villena en la categoría de Regional Preferente y físicamente más o menos me encontraba en forma, pero no hacía carrera continua de normal ni me preparaba para ninguna carrera, así que desde Navidades hasta la fecha de la carrera, iba media hora antes de que empezaran los entrenamientos para correr esos 30 minutos. Pasaban los días y yo ni controlaba tiempos intermedios, ni kilómetros que hacía en cada salida ni nada por el estilo. A todo eso había que añadir los partidos de los fines de semana y los golpes con los que te levantabas el lunes después de jugar el domingo. Entre semana seguía en Valencia y solía salir a correr con mi compañero de carrera, de piso y gran amigo y mejor persona, Pablo Máñez. El día que más corrimos fue por el antiguo cauce del río y salimos a rodar una hora aproximadamente. Yo estaba totalmente convencido de que la acababa en el tiempo que les dije, pero poca gente me veía capaz si quiera de que la terminara…pero bueno, ahí estaba yo para demostrar que se equivocaban. Eso dependía de mi.

Pasa enero con sus rodajes de 30 minutos y llega febrero. Se va acercando el día 19. Sigo entrenando y jugando al fútbol. En algún rato libre salgo a rodar aunque no más de 40′-50′. En casa, con el plano del recorrido marco a mis padres los puntos donde pueden verme, así como las horas de paso por cada uno de ellos (a mi ritmo de 5’/km) para que puedan hacer alguna foto. El día de antes de la maratón me acerco al hotel donde está la pequeña feria del corredor a recoger el dorsal y la bolsa que dan a cada uno de los participantes. Ese año, en la bolsa iba un chubasquero tipo bolsa de basura (era de ese color) y una manta. Lo recojo todo y vuelta a casa a cenar y descansar bien, que hay que madrugar para estar pronto en la línea de salida.

Rober Martínez Menor

Y llega el día. 19 de febrero de 2006. Son las 8 y algo de la mañana y ya estamos en el lugar donde se da la salida. A las 9 dan el pistoletazo y salimos desde la avenida que hay al lado del carrefour de Campanar. Yo voy viendo a la gente. Todos preparados con sus pantalones de correr, sus camisetas de tirantes y geles (ni idea por esos años de lo que eran ni para qué servían), sus pintas de correr “un huevo”…y yo sentado en el muro tranquilamente pensando: “¿para qué voy a calentar si tengo 42 kilómetros por delante para hacerlo?”. Un miembro de la organización me ofrece vaselina para las rozaduras. La rechazo amablemente porque no veía necesidad de ponerme ni en las ingles ni en algún que otro sitio. Yo iba con mis zapatillas mizuno normalitas, mi pantalón del equipo de fútbol sala hasta las rodillas y mi camiseta de tenis sin mangas. Resumen: una pinta de “globero” espectacular, menos mal que llevaba mi pulsómetro y me hacia parecer algo menos dominguero.

8:55. Nos colocamos en la línea de salida. Muchos nervios. Mucha emoción y sentimientos encontrados. Empiezan las preguntas en mi cabeza. ¿Aguantaré? ¿Qué ritmo voy a ser capaz de llevar? ¿Será verdad lo del muro del km. 30? ¿Será tan duro acabar como me han dicho? Y entre pregunta y pregunta se da la salida. Hay mucha gente por lo que empezamos andando hasta pasar bajo el arco donde marca el inicio el chip. Como buen inexperto, no vi ni los globos que marcan el ritmo (ni sabía de su existencia). El primer kilómetro lo hago en 6 minutos y pico. No se puede casi correr. Van pasando kilómetros y poco a poco se puede correr un poco más. Como no tengo referencia alguna del ritmo que debo llevar para ir a 5’/km, me voy poniendo a rueda de la gente con la que voy corriendo a un ritmo cómodo. Hay sol pero hace algo de frío y empieza a soplar mucho viento. Van pasando kilómetros y veo que sí voy en los tiempos que necesito. Hago un par de kilómetros en 8′ pelados y pienso que debo aflojar y reservar un poco porque seguro que lo necesito en los últimos 10. Voy muy cómodo. Pasamos por el centro de Valencia en dirección a la Cuidad de las Artes y las Ciencias donde esta situada la media maratón. Tiempo de paso: 1 hora 45′. “¡Joder, voy clavado! Sigue así Roberto”. Sigo corriendo. Mis piernas no van demasiado mal. Mi cabeza está perfecta. Voy bebiendo agua en cada avituallamiento. Llegamos a la zona de la playa y el viento es insufrible. Es el km. 30 y a un corredor delante justo de mi, se le cae una valla sobre él por la fuerza del viento, tirándolo al suelo. El viento en contra te hace casi pararte. Salimos de la playa y encaramos los últimos 8 kilómetros. Llegamos al antiguo cauce del río. Es el km. 36 y mis piernas ya me están pidiendo auxilio pero mi cabeza les exige un ultimo esfuerzo. Hay gente en el suelo sentada con calambres. Corredores andando y siendo atendidos por los voluntarios de Cruz Roja. Pienso que no debo pararme porque acabaría como ellos. Pasan los kilómetros y vamos por el 38. Ahí es donde me visita el tío del mazo. Los siguientes 2 kilómetros son un infierno para mis piernas y mi cabeza. Los hago en 14′. Pajarón gordo. Me recupero un poco y llegamos al 41. Solamente queda 1 kilómetro y la pista de atletismo del río (que es donde esta situada la meta) ya se ve muy cerca. Empiezo a sonreír. Está cada vez más cerca la meta y me pongo nervioso. Llego a la entrada de la pista. Está completamente abarrotada, llena de amigos, familiares y conocidos de todos los corredores. Aplauden sin parar. Son los últimos 350 metros y los corro bajo un mar de aplausos que te hace sentir como cualquier gran deportista en una gran competición. Mis piernas llevan ya 42 kilómetros. Un sprint para acabar los últimos 195 metros y adelantar a algún corredor y acabar con una gran sonrisa y levantando los brazos. Termino en 3 horas 35 minutos. Genial.

Rober Martínez Menor

La emoción es muy grande. Es un momento que parece que estás soñando. No te acabas de creer que has recorrido 42 kilómetros y 195 metros para alcanzarlo. Pasas por la zona de avituallamiento a recoger unas naranjas y por los podólogos para que te revisen los pies. Después por los físios para un buen masaje en las piernas y listo. 26º Maratón de Valencia acabado. Prueba, promesa y apuesta superada.

Rober Martínez MenorRober Martínez Menor

Este post está dedicado a las personas que me picaron para correr, a los que creían que no la iba a terminar, a aquellos que estuvieron conmigo ese día y sobre todo, a todo el mundo que tiene un sueño y lo realiza.

P.D.: A mis compañeros de carrera, de piso y amigos, Máñez, Sergi y Carlos “el abuelo” por confiar en “su” diamante en bruto. Un saludo amigos. Nos vemos pronto.

About Rober Martínez Menor

Recommended for you

1 Comment

  1. alextango

    30/12/2014 at 18:26

    Fantástico, cómo te sentistes al acabar?

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.