Competiciones

La victoria moral existe

By

on

¿Cómo se empieza una crónica de una carrera de 118 kilómetros y 21 horas?Hay tantas cosas en mi cabeza que quiero expresar que estoy seguro que muchas se quedarán sin ver la luz aunque trataremos de reflejar todo lo que hemos vivido antes, durante y después de la prueba.

Rober Martinez Menor

Esto es lo que nos esperaba. 118K y 5500+

No sé qué orden voy a seguir, si va a estar todo ordenado cronológicamente o cómo, pero espero y deseo no dejarme nada por el camino.

En todos los deportes que he practicado (tenis, fútbol, fútbol sala, pádel) siempre me ha gustado ser muy detallista. Siempre he analizado todo al milímetro. Me gusta tener bajo control el máximo de factores posibles (por lo menos aquellos que uno mismo sí puede controlar): climatología, horario, gente… Es mi manera de hacerlo y seguro que no es la mejor pero a mí me funciona y como suele decirse: “si funciona, mejor no tocarlo”.

El año pasado corrí la MiM (63K y 3000 metros de desnivel positivo). Hasta hace poco fue la carrera más larga en cuanto a distancia y duración a la que me había enfrentado (llegué a meta en 9 horas y 41 minutos). Estando en la línea de salida con mi dorsal con fondo rojo, veía a los demás corredores. Veía a más “compañeros” de MiM y también a los “locos” del dorsal verde que se iban a enfrentar a 118 kilómetros y 5500 metros de desnivel positivo. Justo en ese momento, mirando a mi alrededor, me propuse que al año siguiente, es decir, en 2014, yo sería uno de esos locos que iban a estar más de 20 horas corriendo (la mayoría, no los que ganan, por supuesto, jeje).

Como he dicho, corrí la MiM y la acabé. Y terminé con unas sensaciones muy buenas, tan buenas que en cuanto crucé la meta ya estaba deseando que llegara ese momento de volver a estar en la línea de salida, pero esta vez con el dorsal verde…

Y ya ha llegado el fin de semana esperado desde hacía 365 días. Ya está aquí el fin de semana de la CSP115 que además, este año es el segundo consecutivo que también es Campeonato de España de Ultra Trail, y claro, los “locos” del Trail Villena no podíamos faltar a la cita.

Salíamos para Castellón el viernes por la tarde los 4 compañeros que íbamos a disputar la CSP115 (Seba, Emilio, Iván y yo) y José María, que iba a correr la MiM.

En el coche vamos comentando aspectos de la carrera. Les digo que yo tengo de referencia los tiempos de paso de la MiM del año anterior y quiero llevar el mismo ritmo en la CSP (para el doble de distancia!!). Llegamos a Castellón, recogemos el dorsal y a cenar pasta para llenar el estómago de cara a la mañana siguiente (bueno, y tarde y noche también, jaja).

Una vez llegamos al hotel cada uno a su habitación. Momento de dejar todo listo y dormir un rato. Es en estos momentos, una vez está todo preparado, las luces apagadas y está uno metido en la cama cuando llegan todas las dudas de golpe. Cuando estando tumbado aparecen dolores y molestias que no tienes cuando vas corriendo. Cuando la cabeza da vueltas y te dice si estarás preparado, si te volverá a doler esa “cintilla” que te ha estado fastidiando las últimas 2 semanas. Si el accidente de coche que tuviste justo hace dos meses te pasará factura al no haber podido entrenar todo lo que debías. Si volverá a pasar lo mismo que en el último entrenamiento largo y tendrás que dejarlo.

Todo eso rondaba por mi cabeza las horas previas a tener que levantarme. Todo rondaba por mi cabeza pero yo sabía que estaba allí para acabar. Y para acabar de manera digna y bien, no para llegar arrastrándome y sin haber disfrutado. Podía tener dudas de si mis piernas iban a aguantar la distancia y el tiempo de carrera más largo al que me iba a enfrentar, pero de lo que no tenía duda alguna era que mi cabeza estaba al 110% y me iba a llevar hasta la meta sí o sí.

3:55 de la madrugada del viernes al sábado. Suena el despertador y nos levantamos para vestirnos, desayunar y recoger las cosas para salir hacia la Universitat Jaume I, que es donde tiene lugar la salida.

Allí que llegamos los 5 (José María, Iván, Seba, Emilio y yo) y cada uno deja las bolsas de ropa que recogeremos luego en el avituallamiento del kilómetro 70 y en meta para poder cambiarnos al llegar.

Son las 5 y poco de la mañana y pasamos el control de salida. Me piden varias cosas del material obligatorio y ya estamos dentro, en la pista de atletismo de la universidad. Es momento de nervios controlados, de risas, de fotos para inmortalizar ese momento previo a la salida. De coincidir con otros compañeros y amigos y hacer fotos con ellos. Es un momento distendido y relajado, sentados en el tartán de la pista esperando a que se acerque la hora de salida.

Cada vez hay más gente. La pista se va llenando y ya queda muy poco para darse la salida. No sé por qué nos vamos a un cajón que pone sub 23 horas (madre mía, si sólo de leerlo ya duele a las piernas, jajaja) y allí que nos quedamos. Últimos ánimos a los compañeros deseando suerte y una buena carrera y…SALIDA!!!

Primeros pasos andando y cruzamos el arco de salida y el chip pita. Ahora sí que empiezan los 118 kilómetros. Empezamos corriendo por los 300 metros de la pista de atletismo hasta salir fuera del recinto de la universidad. En estos momentos José María, que corre la MiM, ya va muy por delante; así como Iván, que aunque corre nuestra carrera sabemos que va a hacer un muy buen tiempo.

Algo más detrás y tranquilos vamos Emilio, Seba y yo. Dando las primeras zancadas y dejando que las piernas se activen poco a poco. No hemos hablado nada de ritmos, nada de ir juntos ni hacer la carrera de una manera u otra, pero como siempre pasa, se hace una “selección natural” y así, sin casi darnos cuenta, Emilio ya va por delante de nosotros alejándose poco a poco. Le pregunto a Seba si va a apretar más o va a ir a este ritmo cómodo y me contesta que sí, que quiere ir así. En ese momento le digo que vale, que vamos así, y se produce un momento de esos que a veces es difícil explicar con palabras, pero que sólo con la mirada te entiendes perfectamente y los dos nos ponemos de acuerdo para correr juntos.

Y es aquí donde de verdad empieza la crónica de la carrera en sí, con parciales, tiempos, kilómetros y demás cosas que ya suenan a todo el mundo que corre, jaja.

Una vez hemos salido de la universidad, vamos hacia las urbanizaciones de las afueras de Castellón. En esos momentos, en esos 2-3 kilómetros previos a la primera subida, mi cabeza y mi cuerpo tienen muchas dudas. Le digo a Seba que me noto muy flojo, que voy como flotando y las sensaciones son raras. No sé si es falta de energía o que tengo demasiada acumulada dentro y necesito sacarla.

Rober Martinez Menor

Momentos pre salida

Llegamos a la primera subida donde hay una bifurcación para llegar hasta arriba de la cantera. El año pasado elegí la parte derecha de ese cruce (los dos salen al mismo sitio, es para evitar un tapón muy grande) y era una senda no muy larga pero durilla, de las que te dejan ya el aviso en las piernas que la carrera ha empezado. Este año elegimos la parte izquierda y resultó mejor ya que fue más suave y algo más corta.

Ya estábamos en la cantera y empezaba a amanecer. En estos momentos hay que tener mucha cabeza para no dejarte llevar por el ritmo de la gente que corre la MiM puesto que los primeros kilómetros son muy correderos y luego se puede pagar muy caro.

El primer avituallamiento es en La Pedra de Borriol (km. 13’9), después de una subida dura que ya deja las piernas calientes del todo para empezar la carrera de verdad. Nuestra referencia de paso (con los tiempos que tenía de la MiM 2013) en ese primer control eran las 8:00 (a las 2 horas de carrera). Pasábamos a las 8:01 en la posición 339 de la general, así que de momento, cumplíamos el tiempo previsto de manera muy ajustada.

Desde ese punto de avituallamiento hasta el siguiente (La Bassa, km. 25’2) es un terreno favorable, que permite rodar cómodos y seguir avanzando kilómetros y descontando poco a poco de esos 118 totales. Pasábamos por allí a las 9:28 (tras 3 horas y 27 minutos de carrera), 10’ más de lo que teníamos marcado como referencia, y lo hacíamos en la posición 326.

El perfil de la carrera sigue siendo favorable para ir rodando cómodos y pasando kilómetros hasta llegar al gran avituallamiento de Les Useres (km. 33’9) donde podríamos comer algo sólido y parar unos segundos antes de seguir la marcha. En estos momentos eran las 10:45 de la mañana y estábamos en la posición 314 (aunque el tiempo de referencia se nos había ido unos 20’). Cogemos un bocata y salimos del pueblo andando mientras vamos comiendo, ya que ahora viene una buena subida y tenemos que reponer fuerzas. Esta subida la hacemos a un ritmo constante y bueno y cada vez nos vamos encontrando mejor, pudiendo apretar bastante en una bajada larga y algo técnica, recuperando tiempo y adelantando varias posiciones para llegar a Les Torrocelles (km. 43’5) a las 12:25 del mediodía (5’ antes de lo planeado) y en la posición 275.

Rober Martinez Menor

Subiendo La Pedra de Borriol con Seba

Pequeño descanso y aquí es donde empieza de verdad la CSP. En estos momentos todavía corríamos rodeados de mucha gente, ya que hasta ese punto coinciden las dos carreras (tanto la MiM como la CSP), pero ahora, al producirse el desvío, prácticamente nos quedábamos corriendo solos.

Hasta el kilómetro 55 aproximadamente se podía rodar tranquilo y de manera cómoda, pero una vez llegados a este punto, los siguientes 30 kilómetros iban a ser muy muy duros, sobre todo la subida hacia Benafigos (km. 61), llamada “el muro”.

Seba y yo íbamos a un ritmo constante y afrontamos la subida con cabeza, poco a poco fuimos subiendo y subiendo y subiendo (parecía que nunca iba a terminar) y conseguimos llegar hasta el avituallamiento de Benafigos, donde nos esperaba un plato de paella que a mí me duró menos de 40 segundos. Una parada rápida para avituallar y comer algo sólido y a seguir. En estos momentos eran las 15:33 de la tarde (llevábamos 9 horas y 33 minutos de carrera) y estábamos en la posición 263.

Salimos de Benafigos y comenzamos el descenso hacia el río. Un descenso técnico y bonito, bajando hacia el barranco. El siguiente avituallamiento era Culla, pero antes de llegar, debíamos subir la “Penya Calva”. Una subida muy larga y dura. Una subida de las que miras para arriba y no ves nada más que senda que nunca acaba. Nuestro ritmo seguía siendo muy constante y poco a poco íbamos adelantando a otros corredores en la subida. Nos encontrábamos bien y cuando suavizaba un poco y podíamos trotar, lo hacíamos. Y esa “Penya Calva” que parecía que nunca iba a terminar, por fin acababa y al fondo se divisaba Culla. Allí estaba el avituallamiento sólido y era el punto de cambio de ropa, donde la bolsa que habíamos dejado a las 5 de la mañana en el camión nos esperaba para cambiarnos. Entrábamos al avituallamiento a las 18:28 (con 12 horas y media de carrera) en la posición 207. Fue uno de los tramos más duros de la carrera con 11’2 kilómetros y 921 metros positivos (desde Benafigos hasta Culla).

Seba y yo íbamos a un ritmo constante y afrontamos la subida con cabeza, poco a poco fuimos subiendo y subiendo y subiendo (parecía que nunca iba a terminar) y conseguimos llegar hasta el avituallamiento de Benafigos, donde nos esperaba un plato de paella que a mí me duró menos de 40 segundos. Una parada rápida para avituallar y comer algo sólido y a seguir. En estos momentos eran las 15:33 de la tarde (llevábamos 9 horas y 33 minutos de carrera) y estábamos en la posición 263.

Salimos de Benafigos y comenzamos el descenso hacia el río. Un descenso técnico y bonito, bajando hacia el barranco. El siguiente avituallamiento era Culla, pero antes de llegar, debíamos subir la “Penya Calva”. Una subida muy larga y dura. Una subida de las que miras para arriba y no ves nada más que senda que nunca acaba. Nuestro ritmo seguía siendo muy constante y poco a poco íbamos adelantando a otros corredores en la subida. Nos encontrábamos bien y cuando suavizaba un poco y podíamos trotar, lo hacíamos. Y esa “Penya Calva” que parecía que nunca iba a terminar, por fin acababa y al fondo se divisaba Culla. Allí estaba el avituallamiento sólido y era el punto de cambio de ropa, donde la bolsa que habíamos dejado a las 5 de la mañana en el camión nos esperaba para cambiarnos. Entrábamos al avituallamiento a las 18:28 (con 12 horas y media de carrera) en la posición 207. Fue uno de los tramos más duros de la carrera con 11’2 kilómetros y 921 metros positivos (desde Benafigos hasta Culla).

En Penya Calva (subiendo hacia Culla)

En Penya Calva (subiendo hacia Culla)

En Culla coincidimos con Emilio y nos comentó que le molestaba un poco la rodilla, que se le había ido el pie en una de las bajadas y le dolía. Él ya salía del avituallamiento cuando nosotros llegábamos. Seba sí decidió cambiar algo de ropa, pero yo me encontraba bien y preferí seguir con todo lo que llevaba desde el principio.

En esos momentos, ese avituallamiento era la máxima distancia que había corrido nunca (70 kilómetros) y el mayor tiempo que había estado en carrera (12h30’, superando en 2 horas y media lo máximo que había hecho nunca).

Salimos de Culla y nos esperaban unos kilómetros de bajada hasta el río. Una bajada rápida y como muchas, algo técnica, pero que permitía correr bien y dejarse llevar para soltar las piernas.

En la bajada fuimos adelantando a gente, entre ellos Emilio, que iba sufriendo con la rodilla hinchada y al que Seba le dejó sus bastones para ver si así podía ir más cómodo hasta el final de carrera. Nos despedimos de él y nosotros seguimos a nuestra marcha. En un control intermedio, los voluntarios nos dijeron que estábamos el 180. Entre risas y sonrisas, Seba y yo nos miramos y dijimos: “Pues hacer top 150 no estaría mal”. Llegamos al río y ahí comenzaba otra larga subida. Una subida tendida que se pegaba a las piernas. Llegamos en el kilómetro 80 a un avituallamiento líquido y justo eran las 8 de la tarde, así que en ese momento nos enteramos que el Atlético de Madrid era campeón de liga, jeje. Nosotros seguíamos con nuestro ritmo en dirección al siguiente avituallamiento sólido, que estaba en Vistabella, en el kilómetro 91.

Se iba escondiendo el sol y la temperatura se notaba como iba descendiendo. La zona por la que íbamos permitía llevar un ritmo trotón, ir avanzando kilómetros antes que se hiciera de noche y tener que encender los frontales. Vistabella aparecía al fondo y allí nos esperaban macarrones con atún y coca-cola. Bajo los aplausos de los voluntarios entrábamos en el avituallamiento a las 21:36 de la noche y en la posición 170 (15 horas y 35 minutos de carrera).

Como ya hacía frío tocaba poner la camiseta térmica de manga larga y el cortavientos, además de encender el frontal y colocar la luz roja de posición detrás. Salíamos de Vistabella en dirección a Xodos. Algo de subida por una pista ancha y cómoda y después, una bajada por senda técnica (que por la noche y con frontal todavía se hace más técnica si cabe) hasta Xodos (km. 101’3) donde comimos un bocata, tomamos un gel y vimos que ya nos quedaba muy poquito para cumplir nuestro sueño. Eran las 23:15 de la noche y estábamos en la posición 160 de la general tras casi 18 horas de carrera.

Hasta ese momento íbamos muy bien (tanto de tiempo de carrera como físicamente), pero en algún momento debía llegar el “tío del mazo” y así fue. Esos últimos 15 kilómetros de subida (luego quedaban 3 de bajada hasta meta) fueron lo más duro de la carrera. Ya no por desnivel (que también era una subida dura), si no por el mazazo físico y pajarón que nos llegó a ambos casi al mismo tiempo y por igual. El ritmo lo bajamos un poco, fuimos subiendo de manera constante aunque algo más despacio (siempre nos queda el consuelo que había alguno peor que nosotros, ya que fuimos adelantando a gente, jeje). Del kilómetro 105 al 110 se hizo muy duro, pero nos recuperamos algo y volvimos a marcar el ritmo constante que habíamos tenido durante toda la carrera.

Ya quedaban pocos kilómetros. Algo de pista para rodar, alguna bajada con ramas y raíces, unas subidas que en esos momentos parecían interminables y verdaderas paredes verticales…y por fin vemos el cartel del kilómetro 115. ¡¡Sólo quedan 3!!. Miro el reloj y veo que marca las 2:32 de la madrugada. Nos quedan 28 minutos para poder bajar de las 21 horas de carrera. Vamos rodando hacia abajo, pero claro, como siempre hay sorpresas, no todo es por pista y fácil. Hay todavía alguna subida. Algún tramo complicado donde no se puede correr demasiado. Esa última media hora fue la que más rápido pasó de toda la carrera. Sin hablar con Seba (escuchaba sus pasos detrás de mí) iba corriendo todo lo que podía cuando se podía. No sabía cuánto quedaba. Parecía que los kilómetros eran millas. No se veía ninguna luz de meta. No se escuchaba ningún ruido de megafonía. Los minutos en el reloj seguían pasando. 2:52, 2:54, 2:56…y cada vez apretando más el ritmo. Era imposible que no llegara la meta, no podíamos ir tan lentos. Mi sensación era que íbamos más rápido que cuando hago series de 200 (jajajaaj, tengo que mirar el ritmo de esos últimos metros para comprobarlo, jeje) y no avanzábamos. 2:58 y por fin vemos la luz del arco de meta. Último giro y entrábamos en la alfombra roja de la llegada.

Nos dimos la mano y levantando los brazos pasábamos bajo el arco de meta en 20 horas y 58 minutos, en la posición 151 de la general, a las 2:58 de la madrugada. 

Las mejores horas de mi vida deportiva. El mayor reto de mi vida deportiva. Y sí, llegué a meta 9 horas y media después del ganador. Después del ganador del trofeo porque como dice el título del post: La victoria moral existe y yo soy el ganador.

No saltaron lágrimas de alegría. Creo que no saltaron lágrimas de alegría porque me pasé tan concentrado las 21 horas sabiendo que iba a llegar que fue como: “ves Roberto, ya estás aquí, sabías que lo ibas a conseguir”. A día de hoy, 4 días después de la carrera, todavía sigo en una nube. Me siento muy feliz. Y es una sensación que nadie me va a quitar.

Rober Martinez Menor

Desde estas líneas (y espero que hayáis llegado hasta aquí leyendo) quiero dar las gracias a mi compañero de “viaje”. Seba, ha sido un honor y un placer poder compartir esta aventura a tu lado. Una unión, que como él dijo el otro día, “hasta en los silencios nos entendíamos”.

Ha sido genial el poder correr y disfrutar. Sí. Disfrutar de los 118 kilómetros y 5500 metros de desnivel positivo de esta carrera. Y sí, oficialmente soy el 151 del Campeonato de España de Ultra Trail 2014.

Solamente dar las gracias (aunque ya lo hice por las redes sociales) a todos los que en algún momento estuvísteis pendientes de nuestra carrera. A mi entrenador, a mi familia, a los amigos, a los compañeros del Trail Villena, a mi mujer, a la organización, a los voluntarios y sobre todo, a mi cabeza y a mis piernas, porque sin ellas no habría conseguido llegar hasta la meta.

Ahora sí puedo decir que soy Ultra Runner.

 

*Todo es mental*

About Rober

Recommended for you

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.