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Gran Trail Peñalara 2015

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Perfil GTP 15

Perfil GTP 15

Pues ya ha pasado una semana después de acabar la carrera y hemos tenido tiempo de descansar algo las piernas y sobre todo, la cabeza.

Una semana y ya tenemos las fotos de la organización para poder ilustrar los momentos de la carrera, así que pasamos a narrar un poco el desarrollo de la misma y las sensaciones y sentimientos que vivimos durante las casi 21 horas y media que estuvimos por la sierra madrileña.

Hacía mucho tiempo que no iba a un ultra sin compañía, ya fuera por medio de algún familiar o algún compañero de equipo que también corría la prueba. En esta ocasión, iba solo hacia Cercedilla, con las dudas que eso puede sembrar, ya que siempre es complicado afrontar un ultra en “solitario”, tanto por la preparación antes del pistoletazo de salida, como para los contratiempos o malos momentos que puedas pasar en carrera.

Salía a las 12 del mediodía más o menos dirección Cercedilla (donde tenía el hotel para alojarme) y sobre las 16:30 estábamos ya ubicados en la habitación. Un poco de siesta, preparar todas las cosas y para Navacerrada, donde tenía lugar tanto la recogida de dorsales como la salida de la prueba (que se daría a las 00:30 de la madrugada del viernes 26 al sábado 27).

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Aparcamos tranquilamente a la entrada de Navacerrada, cerca del polideportivo, donde se hacía entrega de dorsales y debíamos dejar las bosas tanto para el punto intermedio como para tener en meta al llegar. Allí recogimos dorsal y saludamos a algún conocido/amigo de las carreras, entre ellas Susana, que gracias a ella pude dar los 10€ de la fianza del chip, ya que no tenía ni un solo billete de esa cantidad y no daban cambio de otros billetes, así que ya sabes Susana, cuando vengas por Alicante tienes tu billete esperando con un entrenamiento por alguna de nuestras montañas.

Después, a cenar algo tranquilamente haciendo tiempo. Menú de “carrera” en uno de los bares del pueblo: unos spaghettis con tomate y un entrecotte para coger fuerzas para lo que nos esperaba.

Seguía haciendo mucho calor y eran ya cerca de las 10 de la noche. Al coche a “descansar” un poco, o por lo menos, a estirar las piernas y estar tranquilo antes de la hora de la verdad.

Son ya las 23:30, así que toca empezar a cambiarse y meter las cosas en la mochila que ya estaba casi lista a falta de rellenar los bidones de agua y poco más. Dorsal, mochila, chip (esta vez en la muñeca), zapatillas y para la zona de salida a pasar el control de material.

A las 23:50 aproximadamente abren el control de material y pasamos los primeros. Allí está Depa, quien me entrevista y me pregunta por mi recuperación de Volta Cerdanya Ultrafons (130K, 5800+) que habíamos corrido 2 semanas antes. Un abrazo y hacia la línea de salida. Allí coincido con Rafa y Jessica, con quienes intercambio unas palabras mientras esperamos que la gente vaya entrando al corralito y llegue la hora de empezar a correr. Se nota el ambiente de tensión que rodea a una carrera así. Además, en esta ocasión se juntan muchos factores. El Gran Trail de Peñalara, además del renombre como carrera que tiene (lo acreditan los 24’ que tardaron en agotarse los 450 dorsales disponibles), este año es Campeonato de España de Ultra Trail y también, prueba puntuable de la Spain Ultra Cup (la que será mi 2ª prueba seguida después de la VCUF). Por delante, 116 kilómetros de recorrido y algo más de 5000 metros positivos, y pasos míticos como La Maliciosa, la cresta de Claveles, Peñalara o el Puerto de Navacerrada.

Control de material pre salida

Control de material pre salida

He planificado esta carrera muy bien sobre el papel. He marcado todos los puntos de paso de los controles con las posibles horas que debía hacer para bajar de 22 o 24 horas y poder tener una referencia real de la carrera que estaba haciendo.

No he ocultado desde el momento en el que hice la inscripción, que el objetivo principal era bajar de 24 horas para poder entrar en sorteo de la Western States Endurance Run 100 de 2016, pero mis piernas consideraba que estaban bastante bien (aún después de la VCUF) para poder rondar las 22 horas, minutos arriba o minutos abajo.

00:30

Se da la salida. Es de noche pero todavía hay más de 29-30 grados. Los primeros 4-5 kilómetros son “cómodos” ya que van por asfalto saliendo de Navacerrada y por pista ancha hasta el inicio de la senda que nos conduce a La Maliciosa (2227m). Subida de casi 9K y donde al final de la misma ya llevamos algo más de 1000+. Pasamos en 1:41 por el pico y empieza una bajada complicada. Una bajada técnica de casi 8K hacia el primer avituallamiento en Canto Cochino. Bajada en la que sin pretenderlo, voy adelantando a corredores arriesgando de vez en cuando algo más de la cuenta pero me siento muy cómodo y con confianza de ir bajando relativamente rápido. Hay varios corredores con algún traspiés y caída.

Llegamos a Canto Cochino (1025m), kilómetro 16’8, en 2:51. Bastante bien de cabeza aunque las piernas han tenido algún momento de no querer correr. Saben lo que les espera y es demasiado pronto para que empiecen a “quejarse” y tratar de luchar contra ellas. Todavía no he encontrado un ritmo “cómodo” de carrera. Suponog que conforme avancen los kilómetros irá mejorando esa sensación, porque no se pueden hacer otros 100K con las piernas como las llevo ahora, ya que no les apetece correr demasiado. Lo bueno, que no hay molestia alguna de momento.

Un poco de agua y alguna gominola y encaramos la siguiente subida hacia el Collado de la Pedriza. Una subida no muy larga (unos 2’5K) por una senda estrecha en la que cojo la referencia de una de las corredoras y veo que voy cómodo detrás del ritmo que lleva ella, así que decido dejarme llevar y no pensar en nada, siguiendo sus pasos hacia arriba. Son unos 40’ de subida hasta los 1330m del Collado de la Pedriza y enseguida la bajada hacia el siguiente avituallamiento, en la Hoya de San Blas. Kilómetro 27 aproximadamente y llegamos en 4:55. Ya hay varios corredores con tobillos vendados y otros que deciden dejarlo aquí. Voy algo más cómodo de piernas (esas que en el kilómetro 16 no querían correr bajo ningún concepto) y muy entero de cabeza. Sabiendo que iba por delante de la planificación tanto de las 22 como de las 24 horas en meta.

Amanecer en La Morcuera

Amanecer en La Morcuera

Desde este avituallamiento hasta el siguiente, en el Puerto de la Morcuera es todo subida hacia arriba. En algún momento senda y en casi todo momento pista, pero no dejamos de ir subiendo. Una subida tendida, de las que puedes correr pero lo puedes pagar luego, o la puedes hacer andando a ritmo y guardar algo de fuerzas para todo lo que queda de carrera. En estos 12 kilómetros tengo momentos de todo. Ratos de ir cómodo a un ritmo bien. Minutos de casi querer parar y dejarlo. Momentos de no encontrar la manera de mover las piernas, si corriendo o andando. Lo mejor, que en esa subida ya amanece y podemos apagar el frontal. Ya vamos llegando arriba y el sol se nota que va a apretar durante el día. Son poco más de las 7 de la mañana y ya hace calor. Llegamos al avituallamiento del Puerto de la Morcuera (km. 39’2) en 7:16, unos minutos por delante del objetivo de las 22 horas (que aquí estaba marcado en 7:30). Bebemos algo de caldo, comemos un par de trozos de plátano y reemprendemos la marcha.

Avituallamiento La Morcuera (7h16' de carrera)

Avituallamiento La Morcuera (7h16′ de carrera)

Bajada hacia Rascafría

Bajada hacia Rascafría

Ahora viene una de las zonas “cómodas” de la carrera, unos 13 kilómetros de descenso entre sendas y pistas para llegar al avituallamiento de Rascafría. Zona que conocía de haber pasado por ahí el año anterior en la Trailwalker, pero que en esta ocasión se llegaba al contrario de como salíamos nosotros del pueblo. En 8:59 entrábamos en el control de chip y pasábamos a comer y beber algo en el avituallamiento. Justo en ese momento, donde también estaban los corredores que hacían la TP60, coincido con Alma y Lucas (y los padres de Alma) que llegan un par de minutos detrás de mí. Intercambiamos unas palabras y hacemos una foto y ellos siguen su marcha. Yo descanso un poco más y hablo con Jessica, que justo tambiéne está en este avituallamiento cambiando de ropa y comiendo algo. Paro unos 20’-25’ antes de afrontar la subida más dura y larga de la carrera. Desde Rascafría hasta Peñalara, pasando por El Reventón y la Cresta de los Claveles.

Rascafría. Con Alma y Lucas

Rascafría. Con Alma y Lucas

Justo esta zona, el inicio del Puerto del Reventón, era la que hicimos el año pasado bajando hacia Rascafría en la Trailwalker, así que sabía más o menos la dureza y “pesadez” de lo que me esperaba en la subida. Cojo mi ritmo y vamos sumando metros positivos. El calor se empieza a notar bastante (ya son cerca de las 10 de la mañana) por lo que es imprescindible regular bien tanto el agua que bebemos como el que tengamos suficiente cantidad para llegar al siguiente avituallamiento. El ritmo de carrera que llevo ahora es mucho más cómodo que al principio. Parece que las piernas ya han entrado en razón y saben que tienen que llegar hasta meta, y que era mejor no resistirse y seguir hacia delante sin protestar. Vamos pasando a algún corredor de la GTP y también de la TP60 en la subida, y también alguno de la TP60 que me pasa a mí y me desea suerte y ánimo. En poco más de 2 horas y 20’ llegamos al avituallamiento del Puerto del Reventón (1950m), donde echamos agua en la cabeza y rellenamos botes, comemos un par de trozos de plátano, de naranja, unas gominolas y encaramos la parte de subida que nos queda hasta Peñalara.

Subiendo El Reventón

Subiendo El Reventón

Son 8 kilómetros hasta el pico de Peñalara. No parecen muchos pero sé que unas 2 horas se me van a ir. Lo tengo previsto. En realidad, tenía previstas unas 2 horas y media hasta el control de Peñalara, así que si recorto algo, ya estaré contento. Es el punto “psicológico” de la carrera ya que una vez pasada la cima de Peñalara, quedan todavía muchos kilómetros pero la parte más dura de la carrera ya la llevaremos en las piernas.

Vamos subiendo, pasando los kilómetros y observando la Cresta de los Claveles y Peñalara al fondo todo el tiempo. Aquí coincidimos “bastantes” corredores, tanto de la GTP como de la TP60. Hay gente animando nuestro paso por esa zona, lo que siempre va bien para las piernas y la cabeza cuando llevas tantas horas. Parece que no avanzamos porque Peñalara sigue estando igual de lejos pero metro a metro, llegamos hasta la zona de la Cresta de los Claveles. En la VCUF ya me había dicho Vicente que era una zona complicada, con sus bloques de granito y donde se debía estar atento para no tener un traspiés tonto y que la carrera acabara ahí. Ese tramo se hace duro y lento, pasando de bloque en bloque y recortando metros positivos a la carrera. Por fin, lo pasamos y encaramos el tramo de subida al Pico de Peñalara (2428m), donde llegamos en 13 horas y 27 minutos (poco más de 2 horas desde El Reventón). Es el kilómetro 71 de carrera y ahora tenemos que volver sobre nuestros pasos y bajar de nuevo por la Cresta de los Claveles. Ese tramo de cresta lo hago cómodo, incluso en algún momento me permito el trotar sobre los bloques de granito, pero acabando la cresta y antes de encarar una de las sendas que nos llevan hacia La Granja, me encuentro muy mal, con ganas de vomitar y con un dolor increíble de rodilla.

Peñalara

Peñalara

Mal. Me siento fatal. Mareado y con unas ganas horribles de sacar de dentro de mí cualquier cosa que pudiera haberme sentado mal. Además, para hacer todavía más épica o sufrida la bajada, la rodilla empieza a doler. Mucho. Tanto que cada 3 pasos necesito parar porque no puedo casi correr en el descenso. Me duele si corro hacia abajo. Me duele si ando hacia abajo. En este tramo de carrera (unos 10 kilómetros hasta La Granja) los puestos ya están muy definidos y prácticamente no tenemos ningún corredor ni por delante cerca ni por detrás. De hecho, incluso parando cada pocos cientos metros a descansar la rodilla, solamente coincido en el tramo final con un corredor. Pasan por fin los kilómetros, aunque lentos, y llegamos a La Granja 2 horas después de coronar Peñalara. Por fin podemos comer algo sólido con la ensalda de pasta que tienen en el avituallamiento. Aquí decido parar unos 30’. Descansando la rodilla y comiendo bien. Bebiendo un Powerade frío y agua. Tienen duchas en la calle, con lo que vamos debajo de una de ellas a mojarnos y refrescarnos. Eso me da la vida. Le pregunto a uno de los voluntarios del avituallmiento cómo es lo que tenemos por delante hasta el siguiente y me dice que si se puede correr, es un terreno favorable. Vamos todo el tiempo remontando el cauce de un río. La verdad que sí es una zona que se puede trotar (ya no correr quizás, porque llevamos 81 kilómetros en las piernas) pero mi rodilla no da para más en estos momentos, así que los próximos 12-13 kilómetros hasta el avituallamiento de la Casa de la Pesca los tengo que hacer andando. Voy andando a un ritmo de 8-9 minutos el kiómetro, que dentro de como tengo la rodilla, creo que está bastante bien. Tengo a un corredor (que también va caminando) por delante a unos 200 metros al que utilizo de referencia. Por detrás no veo a nadie en más de 300 metros, así que solo me dedico a mirar hacia delante y seguir la estela de éste.

A la salida de La Granja

A la salida de La Granja

Tardo 2 horas y media en llegar al kilómetro 93, que es donde está situado el avituallamiento de la Casa de la Pesca (1380m). Son las 6 y media de la tarde y sigue haciendo muchísimo calor. Además, la humedad de la zona del río por la que vamos hace que la sensación termica sea bastate elevada. Sigo muy entero de cabeza. Muy confiado y con muchas ganas. Llevo casi 45 minutos de margen con las referencias para bajar de las 22 horas en meta.

Las piernas ahora están enteras. La rodilla, al no tener que ir hacia abajo, parece que me duele menos, ya que no hemos corrido en las últimas 3 horas y eso ha hecho que el dolor remitiera levemente. Seguimos subiendo hacia el Puerto de la Fuenfría (1780m) donde está el siguiente punto de control. Lo pasamos en 19 horas y 14 minutos y seguimos hacia el último avituallamiento, en el kilómetro 110-111 aproximadamente, en el Puerto de Navacerrada. La zona entre La Fuenfría y el Puerto de Navacerrada se hace interminable. Corro hacia abajo y en llano (la rodilla ya no duele o molesta tanto) y camino en las zonas en las que la pendiente, por leve que sea, es hacia arriba. Pasan los kilómetros y por fin se ve la zona de avituallamiento del Puerto de Navacerrada. Llego aquí en 20 horas y 11 minutos de carrera, muy entero de piernas (salvo por el dolor puntual de la rodilla) y con la cabeza al 100%. Sé que lo que queda es muy poco y casi todo de bajada. Como un poco de ensalada de pasta, relleno un par de vasos de Coca-Cola, varios trozos de sandía y visualizo el kilómetro de pista de subida que queda (ya que desde el avituallamiento se ve perfectamente) antes de comenzar la bajada por la otra cara de la montaña. Justo a las 9 de la noche reemprendo la marcha. Llevo 20 horas y media de carrera y sé que si puedo correr como toca, en 1 hora podría estar en meta aún con el tramo de pista de subida que todavía tengo que hacer.

Las piernas quieren y mi cabeza todavía más. El objetivo de final de carrera es no tener que parar a poner el frontal antes de la meta. Vamos subiendo la pista, tendida pero que se puede caminar avanzando bien. Llegamos al final y ahí está la bajada. Ahora son unos 3’5 kilómetros de senda algo técnica y unos 4 kilómetros de pista hasta meta (esa pista por la que empezaba la carrera).

Parcial últimos kilómetros (Strava)

Parcial últimos kilómetros (Strava)

Me siento muy bien en la senda de bajada. Senda con piedras sueltas. Estrecha. Senda de las que si tienes piernas y confianza se puede avanzar muchos metros en poco tiempo. Adelanto a algún corredor que va más despacio y me animan. Sé que puedo correr y aguantar este ritmo en las piernas hasta el final. Voy avanzando muchos metros y pasando a corredores que salían del avituallamiento cuando yo llegaba, lo que me da todavía más confianza para seguir corriendo rápido hacia abajo. La senda se acaba y por fin llega la pista. Ahí es donde lo doy todo. La rodilla no molesta, es más, ni me acuerdo que me ha dolido durante muchos kilómetros de la carrera. Voy mirando el reloj controlando el tiempo. Veo el ritmo y está por debajo de los 3’40”/kilómetro. Adelanto a un par de corredores más y llego por fin al último punto de control, en La Barranca. Lo paso en 21 horas y 11 minutos y sigo como alma que lleva el diablo corriendo hacia abajo por la pista. Esa pista que estaba deseando que llegara para avanzar todo lo rápido que las piernas me dieran. Ya se lo había dicho a mis compañeros: “Si llego a los últimos 4 kilómetros con piernas, voy a darlo todo como si fuera un 5000”. Y así fue. Dejando ya la pista y entrando al asfalto de Navacerrada. En la entrada al pueblo, veo un corredor que va algo más lento que yo al fondo y decido que tengo que darlo todo para llegar a su altura. 150 metros antes de meta lo paso y sigo dándolo todo hasta el final. Últimos metros y por fin está ahí el arco. Escucho a Depa como grita mi nombre y me fundo en un abrazo con él al llegar. Medalla al cuello y más que satisfecho de cruzar otra línea de meta. Otros 116 kilómetros y 5000+ por la sierra madrileña. Finisher del GTP 2015.

Meta GTP 2015

Meta GTP 2015

Depa, eres grande

Depa, eres grande

Aunque la clasificación oficial diga que entré en 21 horas y 29 minutos (eso de que te cojan el chip en la mano después de saludar a todo el mundo en meta es lo que tiene, jajaja), en la foto se puede ver como paso por debajo del arco de meta en 21h28’19”. Para mí, ese es el tiempo. Tiempo que me permite soñar con el sorteo el año que viene de la Western States Endurance Run 100.

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Con la recompensa (gracias Rai por la foto)

Con la recompensa (gracias Rai por la foto)

Doble objetivo cumplido, ya que 2 semanas después de acabar la Volta Cerdanya Ultrafons, conseguimos recuperar las piernas y cruzar el segundo arco de meta de la Spain Ultra Cup. La segunda de las tres carreras que necesitamos para entrar en la clasificación general del circuito a final de la temporada. La segunda, que psicológicamente ha sido la más dura. Carrera que he hecho solo de principio a fin. Gestionando los buenos y malos momentos. Sabiendo que tenía que llegar sí o sí a meta.

Perfil del Suunto Ambit 3

Perfil del Suunto Ambit 3

Un pasito más de cara a convertirme en “Lobo Ibérico”. Ahora ya solamente falta una prueba, el próximo 17 de julio en el Ultra de Sierra Nevada (104K, 5700+), y el objetivo de este 2015 estará más que completado.

Desde aquí, quiero dar las gracias a toda la gente que estuvo pendiente de mi carrera. A Sandra, a mis padres y mi hermana, a mis compañeros del Club Trail Villena, a los amigos que me felicitaron después en persona allí mismo (muchas gracias Isa por los mazapanes, jeje), y a los voluntarios que te animaban con una sonrisa enorme en cada avituallamiento y me pusieron la medalla de Finisher.

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Como decíamos, una semana después, la rodilla está mucho mejor, las piernas recuperadas muscularmente y la cabeza totalmente preparada para aforntar el último reto. Ahora ya solamente queda un pasito más para poder subir al podium a recoger ese chaleco de Lobo Ibérico, y podrá ser muy especial, ya que allí compartiré carrera con más compañeros y amigos del Club.

VCUF: Ok GTP: Ok USN: 17 de julio

VCUF: Ok
GTP: Ok
USN: 17 de julio

¡¡Nos vemos en Granada!!

 

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